Siervos de Dios
Maria Adelaide di Santa Teresa
Biografía
Nació en Nueva York el 8 de octubre de 1817 de padre anglicano y madre católica.
Fue bautizada en la iglesia anglicana. Después de cumplir cuatro años, la niña decidió asistir a la iglesia católica. A la muerte de su padre, tanto su hermano como su madre querían volver a la iglesia anglicana, pero Juana Adelaida ya estaba anclada en el catolicismo y permaneció en él. En 1840 ingresó en el monasterio de la Visitación de Georgetown. En su vida de religiosa salesiana leyó los escritos de Santa Teresa de Jesús y en su corazón decidió ser su hija.
Con la ayuda de su confesor pudo cumplir su deseo y después de muchas dificultades y viajes imprevistos llegó a la ciudad de Guatemala el 8 de septiembre de 1843 donde ingresó al monasterio de las Carmelitas Descalzas recibiendo el nombre de María Adelaida de Santa Teresa.
En 1868 fue elegida priora de la comunidad y como tal tuvo que hacer frente a la expulsión de su comunidad, la exclaustración, debido a las reformas liberales acaecidas en 1871. Al darse cuenta de la imposibilidad de volver a su monasterio, llevó a cabo con un grupo de monjas, el itinerario que la condujo a Cuba, Estados Unidos y finalmente España, reorganizando la vida del Carmelo Teresiano en Grajal de Campos (León) 1882.
Murió el 15 de abril de 1893.
El 23 de noviembre de 1984 se concedió el decreto de validez a la investigación diocesana sobre «vida, virtud y fama de santidad».
Procedimiento
1. Las normas canónicas relativas al procedimiento que debe seguirse en las Causas de los Santos están contenidas en la Constitución Apostólica Divinus Perfectionis Magister, promulgada por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983 (AAS LXXV, 1983, 349-355).
2. Para iniciar una Causa es necesario que hayan transcurrido al menos 5 años desde la muerte del candidato. Esto permite una mayor serenidad y objetividad en la evaluación del caso y deja decantar las emociones del momento. Entre el pueblo debe estar clara la convicción acerca de su santidad (fama sanctitatis) y de la eficacia de su intercesión ante el Señor (fama signorum).