Siervos de Dios

Clara María de Jesús

Biografía

Nació en San Miguel el 12 de octubre de 1857, hija de Carmen López y Daniel Quirós López. Sus padres consultaron los santos del día para elegir su nombre y descubrieron que estaba dedicado a santa Clara de Asís; por eso la llamaron Clara del Carmen.

Fue bautizada el 31 de octubre del mismo año en la iglesia de Santo Domingo. Cuando tenía un año, sus padres se separaron y la niña fue llevada a Santa Tecla, La Libertad, donde viviría hasta su muerte.

En 1872, por deseo de su madre, se casó con el costarricense Félix Alfredo Alvarado, con quien tuvo seis hijos. Después del nacimiento del último fue abandonada por su esposo.

Desde joven participó activamente en la vida parroquial. Con el paso de los años se dedicó a obras humanitarias y ayudó a otras mujeres a comprender la importancia de servir a Dios, a la Virgen y al prójimo.

El arzobispo de San Salvador, monseñor Antonio Adolfo Pérez y Aguilar, viendo sus virtudes de caridad, le concedió el uso de los locales del convento de Belén para trabajar con niñas pobres y abandonadas. Al iniciar su camino religioso la nombró superiora, con el nombre de Clara María de Jesús.

El 14 de octubre de 1916 fundó la Tercera Orden de Carmelitas Descalzas Teresa de San José. Por sugerencia del padre Lucas de María Santísima, antiguo general de la Orden del Carmelo, la congregación tomó el nombre de Terciarias Carmelitas de San José.

Murió el 8 de diciembre de 1928. Sus restos reposan en la capilla del colegio de Belén. El 31 de octubre de 2008 fue concedido el decreto de validez de la investigación diocesana sobre su vida, virtudes y fama de santidad.

Procedimiento

1. Las normas canónicas relativas al procedimiento que debe seguirse en las Causas de los Santos están contenidas en la Constitución Apostólica Divinus Perfectionis Magister, promulgada por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983 (AAS LXXV, 1983, 349-355).

2. Para iniciar una Causa es necesario que hayan transcurrido al menos 5 años desde la muerte del candidato. Esto permite una mayor serenidad y objetividad en la evaluación del caso y deja decantar las emociones del momento. Entre el pueblo debe estar clara la convicción acerca de su santidad (fama sanctitatis) y de la eficacia de su intercesión ante el Señor (fama signorum).

Iconografía