Santos
Juan de la Cruz
Biografía
Nació en Fontiveros, cerca de Ávila, en 1542. Su padre, Gonzalo de Yepes, fue desheredado por casarse con Catalina Álvarez, una humilde tejedora de seda.
Huérfano de padre desde muy pequeño, tuvo que trasladarse con su madre de una ciudad a otra para subsistir. Entre 1551 y 1559 recibió formación cultural y profesional en el Colegio de los Doctrinos de Medina del Campo, donde también trabajó en diversos oficios.
En 1563 ingresó en la Orden del Carmen. Entre 1564 y 1568 estudió teología y filosofía en la Universidad de Salamanca. Fue ordenado sacerdote en 1567.
Ese mismo año conoció a santa Teresa de Jesús, que había iniciado la reforma del Carmelo. Tras varios encuentros con ella, se dirigió a Duruelo, donde preparó una casa pobre para el primer convento de Carmelitas Descalzos. El 28 de noviembre de 1568 inauguró allí el nuevo modo de vida de los frailes y tomó el nombre de Juan de la Cruz.
Entre 1572 y 1577 fue confesor y director espiritual del monasterio de la Encarnación de Ávila. El 2 de diciembre de 1577 fue encarcelado en el convento de los carmelitas calzados de Toledo. Allí permaneció más de ocho meses, sometido a pruebas físicas, psicológicas y espirituales.
En aquella prisión compuso algunos de sus poemas místicos más conocidos. Logró escapar y continuó sirviendo a la reforma carmelitana con fidelidad, escribiendo obras fundamentales sobre la unión del alma con Dios.
Murió en Úbeda el 14 de diciembre de 1591. Fue canonizado en 1726 y declarado doctor de la Iglesia en 1926.
Procedimiento
1. Las normas canónicas relativas al procedimiento que debe seguirse en las Causas de los Santos están contenidas en la Constitución Apostólica Divinus Perfectionis Magister, promulgada por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983 (AAS LXXV, 1983, 349-355).
2. Para iniciar una Causa es necesario que hayan transcurrido al menos 5 años desde la muerte del candidato. Esto permite una mayor serenidad y objetividad en la evaluación del caso y deja decantar las emociones del momento. Entre el pueblo debe estar clara la convicción acerca de su santidad (fama sanctitatis) y de la eficacia de su intercesión ante el Señor (fama signorum).

















